Jornaleros desafían la incertidumbre por el coronavirus en Nueva York

Jornaleros desafían la incertidumbre por el coronavirus en Nueva York. (Foto: EFE/Miguel Rajmil/Archivo)

 

Genaro es uno entre un centenar de jornaleros que cada día esperan en una calle de Nueva York que alguien les contrate para un empleo. En su país es abogado pero aquí no le queda otra opción que trabajar en lo que aparezca para enviar dinero para sus hijos, sin importar frío o calor, o el avance del coronavirus.

Su día comienza a las 5 de la mañana en la habitación que alquila en Brooklyn. Una hora más tarde y café en mano se une a entre 60 y 100 migrantes en la «parada de los jornaleros», otros que como él desafían las inclemencias del tiempo para ganar algún dinero.

Todos tienen que estar allí antes de las 7 de la mañana, cuando los «empleadores» comienzan a llegar en busca de mano de obra. El brote del coronavirus no les detendrá, dice Genaro, un tema que ya discutió con otros jornaleros.

«Hay que seguir saliendo e insistir en el trabajo. Un día perdido son deudas porque ¿con qué pagamos?» alquiler, comidas y manutención de sus familias, argumenta.

«Yo vivo solo pero los que están con sus familias (en Nueva York) están más preocupados» sobre cómo ganar dinero durante la crisis del coronavirus, señala el inmigrante mexicano, de 36 años.

El avance del virus ha llevado al cierre de escuelas, cancelación de eventos, reducción de horas de trabajo y prohibición de congregaciones de más de 50 personas en el mismo lugar para evitar su propagación.

«Todo esto afecta porque ¿qué les voy a enviar?», lamenta Genaro, quien usualmente envía dinero cada una o dos semanas a su esposa en México para el sustento de su familia.

Explica que antes de la 7 a.m. llega en un vehículo un contratista o subcontratista «y pregunta quién sabe pintar, poner plaster (yeso) o cualquier otra cosa, y dependiendo de tu experiencia te pagan».

«Solo un 20 por ciento alcanza trabajo y el resto se queda ahí parado», señala.

 

Amenazas con ‘La Migra’

 

Él, como muchos otros, ha tenido «experiencias muy amargas» con el robo de salario, insultos y amenazas de denuncia ante el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). «Cuando llegas sin documentos te tratan como si no fueras ser humano; he pasado muchas cosas terribles», lamenta.

Su día puede ser muy largo, hasta de 12 horas, pero no recibe pago por horas extra. Genaro se había empleado como obrero de construcción, lo que le había asegurado trabajo por dos meses, y al final del día regresaba a la pequeña habitación que suelen arrendar jornaleros, con 140 dólares.

Sin embargo, debido al avance del coronavirus perdió el empleo por reducción de personal. «Estoy temeroso», dice el mexicano, quien tendrá que hablar con su casera, a la que paga 750 dólares al mes por la habitación, y tampoco podrá enviar dinero a su familia por ahora.

«Le tuve que decir a mi esposa que no hay (dinero), que el trabajo se agotó. Ella no trabaja, cuida los tres niños, dos de ellos adolescentes y uno de dos años y medio», señala Genaro, que llegó a Nueva York hace poco más de un año dejando atrás a su familia y profesión en el estado de Oaxaca.

La mayoría de los afectados por esta situación son indocumentados que no cuentan con ningún beneficio y no pueden dejar de trabajar, por lo que siguen exponiéndose al contagio, comenta el activista Manuel Castro, director ejecutivo de New Immigrant Community Empowerment (NICE).

«Hay pánico porque no saben si tendrán el dinero para sostenerse», dice de los jornaleros y de quienes entregan comida en hogares o centros de trabajo.

Con la situación del coronavirus, explica, compañías de limpieza «están aprovechando para hacer dinero» con indocumentados a los que llevan para limpiar oficinas o espacios públicos. «Es incierto qué tipo de equipo de protección tengan; muchos de ellos reciben lo básico. Corren peligro de ser infectados», argumenta.

«Nunca se esperaba que se iba a necesitar tanto trabajador de limpieza. Están contratando a la gente que encuentran en las paradas y centros de trabajo para jornaleros y nos preocupa porque es nuestra gente la que está limpiando y en peligro de contraer el virus», agrega.

Por su tipo de trabajo, indica Castro, estas personas tienen una probabilidad más alta de enfermarse y «hay incertidumbre» entre ellas sobre «si los van a atender, si les van a realizar la prueba» por ser indocumentados y, si es positiva y les incluyen en una lista federal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), qué repercusiones tendrá en su estatus migratorio.

«Están preocupados por el virus, pero también por el trabajo y a largo lazo, qué va a pasar», destaca.

Genaro, que está en espera del asilo político que solicitó, está dispuesto a hacer el trabajo que le ofrezcan para sobrevivir y mantener a sus hijos.

«Ahora lo que necesito es que mi familia esté bien. Llueve, truene o relampaguee, tú tienes que estar ahí porque tus hijos quieren comer hoy», señala el jornalero.

 

 

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