Por Vanda Felbab-Brown * editorial@noticiali.com

Los elementos emblemáticos de la campaña presidencial de Trump fueron sus promesas de construir un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, y renegociar o desechar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Cien días después de su presidencia, las grandes incertidumbres y el caos de la política rodean a ambas promesas.

En cuanto al muro, la incertidumbre no es completamente mala.

Costoso e ineficaz, el muro no hará que los Estados Unidos sean más seguros o detengan las drogas ilegales, los trabajadores indocumentados o los solicitantes de asilo. Los narcotraficantes aprenderán a ir por debajo, por encima y alrededor de la pared.

Y los solicitantes de asilo simplemente necesitan cruzar el territorio de los Estados Unidos donde el muro (y la valla existente) se separa de la frontera real. La gente siempre puede ser contrabandeada en barco.

Más bien, la seguridad en la frontera sur de los Estados Unidos requiere una buena cooperación con México.

Una pared de hormigón es un desperdicio de dinero de los contribuyentes, y los Estados Unidos no pueden hacer que México pague por ello.

Sin embargo, el caos, el revoloteo y las burlas que rodean las declaraciones post-electorales de Trump con respecto al TLCAN son un serio problema.

El TLCAN proporciona beneficios económicos cruciales no sólo para México y Canadá, sino también para las empresas estadounidenses e incluso para la base electoral de Trump.

Un colapso del TLCAN aumentará el costo de muchos bienes de consumo estadounidenses, desde aguacates a la electrónica y los automóviles, lo que hace que las familias blancas de bajos recursos sean particularmente heridas.

Las cadenas de suministro se verán socavadas y la competitividad global de los Estados Unidos empeorará.

Hay muchas oportunidades importantes para mejorar y modernizar el TLCAN. El gobierno de Trump puede todavía -y debería- abrazarlos.

Dejar caer la contraproducente política arriesgada de la aversión hacia México y Canadá es un primer paso.

*Autora, investigadora y experta internacional en la organización Brookings.

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